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La tristeza, como lluvia,
moja todo sin cesar,
pero en medio de la noche
algo insiste en despertar.



Es la esperanza, pequeña,
casi frágil, casi voz,
que se cuela entre las grietas
y me pide: “sigue hoy”.



El remordimiento pesa,
como piedra en el pecho,
recordando los caminos
que elegí o que deshecho.



Pero hay fuerza en lo quebrado,
en lo roto al resistir,
una llama que no muere
aunque quiera desistir.



Y así sigo en esta lucha,
sin certezas, sin final,
con el alma hecha de sombras
y una luz por conquistar.


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