En algún punto entre la tercera crisis mundial del año y el quinto “esto ya no puede empeorar”, la humanidad decidió hacer lo más sensato posible: seguir como si nada.
Los informativos empezaban con frases como “tranquilidad generalizada” mientras de fondo se veÃa a alguien corriendo con una tostadora en llamas. Pero no pasaba nada, porque los expertos —que ahora eran influencers con anillos de luz— aseguraban que todo estaba “bajo control”, una expresión que, según estudios recientes, significa exactamente lo contrario.
Los lÃderes del mundo se reunÃan periódicamente en cumbres internacionales para tomar decisiones importantes, como elegir el catering o decidir quién habÃa dejado el aire acondicionado a 18 grados. Después de intensos debates, emitÃan comunicados llenos de palabras como “cooperación”, “diálogo” y “veremos”, que tranquilizaban a la población porque nadie entendÃa qué significaban realmente.
Mientras tanto, la gente común hacÃa lo que mejor sabe hacer: adaptarse. Si subÃa el precio de todo, se bajaban las expectativas. Si el mundo parecÃa arder, se hacÃa un meme. Y si algo salÃa mal, siempre quedaba la opción de decir: “Bueno, al menos no es lunes… o sÃ, ya no sé en qué dÃa vivimos”.
Las redes sociales se habÃan convertido en el lugar ideal para resolver cualquier problema global. ¿Cambio climático? Un hilo. ¿Conflictos internacionales? Una encuesta. ¿Crisis económica? Un vÃdeo de 30 segundos con música motivadora y subtÃtulos en mayúsculas. Solucionado.
En este brillante panorama, surgió una nueva filosofÃa de vida: el “optimismo irónico”. ConsistÃa en sonreÃr mientras todo se desmoronaba lentamente, pero con estilo. Algo asà como: “SÃ, el mundo está complicado, pero mira qué bonito atardecer… probablemente causado por algo preocupante, pero bonito”.
Por supuesto, todo esto es una exageración. O eso esperamos.
Porque al final, entre el caos, la incertidumbre y los titulares dramáticos, la humanidad sigue teniendo una habilidad extraordinaria: reÃrse de sà misma. Y quizá —solo quizá— esa sea la única cosa que, de verdad, sigue funcionando.

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