Me enfrento a la muerte,
la obligo a dudar de su suerte.
No agacho la mirada,
ni cedo ante su llamada.
No me rendiré, lo juro,
aunque el camino sea oscuro.
Con el alma en pie, firme y leal,
lucharé… hasta el final.
Si cae la noche y tiembla el valor,
haré del miedo solo un rumor.
Porque en mi pecho arde una verdad:
no hay destino que venza mi voluntad.

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