Poema. Pantallas Encendidas

 “Pantallas Encendidas


Vivimos con el rostro iluminado

por la fría luz de una pantalla,

donde el aplauso es un número

y el cariño se mide en corazones digitales.


En la plaza ya no hay risas compartidas,

solo perfiles cuidadosamente editados;

la verdad se disfraza con filtros,

y el alma se resume en un estado.


Nos seguimos, pero no nos encontramos.

Nos miramos, pero no nos vemos.

Opinamos sin escuchar,

juzgamos sin conocer.


Las palabras, antes puentes,

ahora son flechas veloces;

se disparan desde el anonimato

y hieren sin mostrar el rostro.


Se perdió el respeto en un comentario,

la empatía en una tendencia viral,

la paciencia en un scroll infinito

que nunca nos deja descansar.


Nos enseñaron a brillar hacia afuera

y a escondernos por dentro;

a competir por atención

y olvidar el valor del silencio.


Pero aún, en medio del ruido,

queda una chispa intacta:

el abrazo que no necesita conexión,

la mirada sincera sin contraseña.


Quizás el cambio no esté en apagar la red,

sino en recordar quiénes somos

cuando la pantalla se oscurece

y el corazón vuelve a hablar.





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