Es mucha pasta
Me dicen:
si quieres pasta,
bájate las bragas.
La frase cae
como una moneda sucia
sobre la mesa.
¿Es lo que quieres?
No hago daño a nadie —me digo—,
solo piel,
solo un
cuerpo que ya es mío.
Y es mucha pasta.
Brilla.
Pesa.
Late en la palma de la mano
como un corazón
prestado.
¿Merece la pena?
Es mucha pasta.
No hago daño a nadie.
Nadie sangra.
Nadie
grita.
Pero nada se borra.
Internet no olvida.
La pantalla es un espejo
que no
parpadea.
Y un día
mi hija preguntará
por qué mamá brilla
en
teléfonos ajenos.
Ella no me verá —me digo—.
Pero sus amigos sí.
Y los padres de sus amigos.
Y las
risas
que no salen en la foto
pero se quedan.
Es mucha pasta.
Un coche nuevo.
Un colegio mejor.
La nevera llena.
La
culpa también.
Es mucha pasta.
Y, sin embargo,
hay cosas
que cuestan más.

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